Balcón de Infantes

 

Balcón al campo

         

Septiembre

lección de la vendimia, así conviene que continúe el buen tiempo; “Cigarra que quince avanza, nos indica bonanza” y así “Septiembre benigno, octubre florido”; “Septiembre es bueno, si del primero al treinta pasa sereno”; pero como esto es muy difícil, el pueblo afirma que “No hay nulo blanco, ni septiembre que no sea malo”; “Septiembre es el mes más malo que el año tiene”, porque “Septiembre y marzo, revoltosos ambos”.

El labrador condena la lluvia de este mes “Del uno al doce lluvia muy copiosa, conceptuó para todos peligrosa” y “Las tormentas que a septiembre terminan, invierno y año malo vaticinan”, “por septiembre no tiemble”, refiriéndose a que no hay tormentas, pero, desgraciadamente, “Por San Mateo, no hay septiembre sereno” y “Tempero de San Miguel, Dios nos guarde de él”, pues son lluvias muy fuertes que todo lo arrasan; “Todo fruto viene bien con calor por San Miguel”.

Este año 2019 nos ha arruinado el campo en frutales y leñosos, con unas pérdidas valoradas en el 100%, con el agravante de roturas y heridas originadas por la piedra y el tamaño tan grande. Quien escribe no ha visto nunca cosa tan catastrófica, con contusiones a quienes les ha cogido en el campo, coches abollados y lunas rotas, tejados y todo lo que ha cogido a su paso.

Después de la tormenta, viene la calma, los seres humanos tenemos una tormenta en cada ciclo de nuestra existencia, el afán de superación es algo inexplicable, pero poderoso, a veces este vencimiento de problemas puede terminar en resultados llamativos, la imaginación es cosa buena, pero también de su sacrificio, ante la falta de recursos nos hace más fuertes de lo que nunca imaginamos. Desarrollamos habilidades que nunca hubiéramos pensado. Ante la devastación de un fuego, un brote verde se abre paso entre las cenizas. Una gota de sabia o de sangre es suficiente para volver a luchar, para perdurar, cuanto menos.

Tras la erupción de 1730, Lanzarote quedó arrasada por lavas y cenizas. Contemplando estos negros suelos parece imposible que la vida, testaruda y acérrima, se abriría paso de nuevo. El hombre que la habitaba no quiso abandonar su hogar ni rendirse y los huertos terminaran en viñedos imposibles hechos a base de esfuerzos imposibles. Duros hombres para plantas duras que soportan la eterna sequía. Hay viñas y olivares en los que no puedes sino sentirte orgulloso del mundo que vivimos, el mundo que hemos construido. De los pistachos habrá que hablar largo y tendido cuando llegue su momento.

Quien escribe, ya ha visto de todo un poco, en aquellos años de la posguerra, pasaba lo que “ocurría”, recuerdo aquella costumbre, que todavía perdura, la de pedir, la buena práctica de no dar. Se rezaba para cualquier cosa, por las tardes tomando el fresco acompañadas de algún “no comas eso que se te va a quitar el hambre”. Después de la merienda hasta que se ponía el Sol no probábamos bocado. A estas formas de ayuno se sumaban las dos horas de digestión después de comer, el “no tomes chocolate que te van a salir granos”, “ni vinagre que te va a quitar los glóbulos rojos”.

La vida se veía en la cintura, pero cuantas cosas había correctivas que venían de las normas maternales que tanto echamos de menos. El caso es que reconozco que no se ha seguido al pie de la letra aquellas salías estratégicas educacionales de mis padres y no replico sus frases, ni consigo sus éxitos, la consecuencia es que la adolescente que convive a regañadientes conmigo abusa de la pasta, adora el tomate de bote, ejercita el estómago y a horas insospechadas e irregulares, se come un paquete grande de palomitas antes de cenar, sin pensar en las consecuencias de muerte o castigo que puede sufrir.

Al final, luchar contra el placer de una persona a la que amas es algo para lo que no todos estamos preparados y menos, los terruños. Aleccionar con firmeza es complejo. Hace algún tiempo, mi pequeña adulta me pidió menús de ensalada, “me apetece comer sano mamá”. Hice esfuerzos por contener mi alegría, puede que educar no sea sólo prohibir, quizás sea ayudar a madurar sin empujar. Y todo sea por Dios.      

Efectos crepusculares:

-El 23 de agosto de 1957. Una súbita tempestad proveniente del norte y del mediodía se junta sobre el Valle de la Herrería, El Escorial con gran aparato eléctrico. Cayó tanta piedra que tardó en deshacerse hasta el día 28. 

-El 25 de agosto de 1543. Gran tempestad en toda España. En Segovia, el Eresma, en su desbordamiento, arranca dos puentes, once molinos, arrasa huertas y produce 10 muertes. 

-El 25 de agosto de 1992. Temporal en el NE de la península. Provoca dos muertes en Cataluña y la pérdida de las cosechas en Zaragoza, Lérida, Gerona, Tarragona y Navarra.   

Antonio López Marco

 

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