Balcón de Infantes

 

COLABORACIONES

       

Pasanteando en América     

Temporal

Una de las cosas a las que no me he acostumbrado todavía en este país es lo extremo del tiempo: las lluvias torrenciales, la profusión de tormentas eléctricas, que pueden durar una noche entera, o los avisos de tornados y huracanes, por poner sólo unos ejemplos relativos a Houston.

La temporada de huracanes suele darse de junio a finales de octubre, pero las tormentas y los tornados no parecen entender de estaciones, por eso lo mismo aparecen en Halloween que en Semana Santa o en pleno agosto. Sin embargo, si en España decimos lo de “en abril, aguas mil”, aquí sería más bien mayo el mes de los aguaceros (ni que decir tengo que el sayo aquí nos lo quitamos más de un mes antes del 40 de mayo).

Este año está siendo de libro, dicen, así que ya llevamos varios días de lluvias torrenciales y hasta hemos tenido un tornado. Pasó relativamente cerca de nuestra zona, por eso nos llegaron avisos de los colegios pidiendo a los padres que no fueran a recoger a los niños hasta que no pasara, y pusieron a los niños en los pasillos y zonas más abrigadas, lejos de las ventanas. Alguna amiga incluso comentó que en su colegio les habían pedido que se metieran debajo de las mesas. Menos mal que al final no fue para tanto: el tornado dejó algunos destrozos, pero afortunadamente no pasó nada grave.

Y las tormentas eléctricas son también la tónica este mes, con unos rayos y truenos que hacen retumbar la casa entera, y que duran horas y horas. De hecho, cuando escribo esto, estamos en alerta por un “evento de tormentas y lluvias muy fuertes”, como dicen aquí, y las noticias de algunas inundaciones en el sur de Houston están ahora mismo bombardeando la tele y la radio. La lluvia no sale muy bien en las fotos, así que os dejo una del cielo previo a uno de estos “tormentones” que digo.

He dicho al principio que no me he acostumbrado a todo esto porque sigo mirando de reojo los avisos y la aplicación del tiempo en el móvil cuando anuncian estos “eventos” de clima extremo, y cierta inquietud se sigue apoderando de mí cuando oigo los primeros retumbos, pero es verdad que los truenos y los aguaceros en general ya no me sorprenden tanto como al principio de vivir aquí. O quizá es que mi hijo se asusta tanto con ellos que me hago la fuerte para que no lo pase aún peor… Pero vamos, que por mucho que me acostumbre, vengo de donde vengo… y en España no tenemos tormentas ni temporales así. ¡Gracias a Dios!

 

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