Balcón de Infantes

 

COLABORACIONES

       

Pasanteando en América     

El río

A pesar de la fama de “desierto” por eso de ser la puerta del lejano oeste, Texas tiene muchos ríos, y por regla general, bastante grandes y caudalosos. Como es lógico, hay mucha afición por la pesca y los deportes asociados al descenso de rápidos y corrientes, remo y demás. Además, las casas de vacaciones o segundas residencias, más que en la playa, suelen estar en el interior, cerca de esos ríos y las actividades y vida que se desarrolla en torno a ellos.

Así, se ha hecho muy popular en los últimos años el recorrido de estos cauces en “donuts” o flotadores gigantescos, especialmente en algunas zonas cercanas a San Antonio, donde el río Guadalupe y sus afluentes, como el Comal, son amplios, poco profundos y con corrientes lentas la mayor parte del año. En las localidades por donde el acceso al río es fácil, se ha montado toda una industria de explotación, regulada por los ayuntamientos, que comprende desde los kioskos donde comprar las entradas para poder “flotar” por la corriente, a empresas que alquilan los flotadores y otras que organizan fiestas “flotantes”. Dicen que toda esta actividad ha servido para “reflotar” la economía de muchos de estos pueblos, especialmente en verano, cuando no hay nada como combatir el calor texano con el agua fresca del río… Vamos, que el río ha sacado estos pueblos “a flote”…

Estuvimos con unos amigos en el río Comal en New Braunfels, una de esas localidades ribereñas, en un día muy caluroso y festivo, por lo que también había muchísima gente. Y sin embargo, no daba sensación de agobio por la anchura de orilla a orilla, aunque en las zonas donde el cauce era más estrecho porque había sido modificado para crear “rápidos” sí se acumularan flotadores y cuerpos que era necesario sortear y empujar para reunirte con tu grupo. Los niños se lo pasaron en grande, si bien es cierto que el último tramo que consistía en dejarte llevar muy lentamente por la corriente, se nos hizo un poco aburrido a todos.

Fue una actividad diferente para nosotros, pero muy texana, según me dicen. Y estuvo bien ver la vida en torno al río y comprobar que, a pesar de todo, la corriente estaba bastante limpia y el cauce cuidado y despejado. Como os podéis imaginar, la diferencia con el Jabalón era abismal, sobre todo por el tamaño, pero también porque el río discurría por en medio del pueblo. Y no, no había cangrejos. O por lo menos yo no los vi…

 

 

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