Balcón de Infantes

COLABORACIONES

    

Por Jorge Torrijos Fernandez

El Cine

“El cine en el cine”, decía, a veces gritaba “haciendo algo de teatro” Carlos Pumares en “Polvo de estrellas”, programa radiofónico que escuchaba en noches de insomnio, o aletargado en otros momentos de  duermevela. Sí, “El cine en el cine”, aunque fuera, si no  en la “platea” o “patio de butacas”, en “general” o “gallinero”, recordaba adormilado ...y sentado...casi siempre... en el escalón superior de madera, en invierno; o de cemento, en el calor de las noches de verano, cerca del cuadrado hueco recortado en el tabique de la pared por donde la luz del proyector emitía, -controlado, según recuerdo, por nuestro vecino Fernando Guzmán, maquinista y fotógrafo-, lo que en  la pantalla era la magia del cine, que, guardada en rollos que se traían y llevaban en “las viajeras”o “pavas”, o coches de línea, de las empresas SOLÍS y HUÉSCAR,  de un pueblo a otro, esperábamos, con ilusión compartida,  niños, jóvenes y viejos. “El cine en el cine”, a veces los sábados, a veces los domingos, a veces, las menos, sábados y domingos, para ver las películas de aventuras , de romanos, del oeste (el western), de espadachines, las románticas, las bélicas, las musicales, las de gansters,....anunciadas en pizarras colgadas en los soportales de la Plaza Mayor del pueblo y en carteleras donde se colocaban los cartones con las imágenes más llamativas de las películas; también  en los programas de mano repartidos de uno en uno entre la población infanteña; programas coleccionados y guardados en cajas de zapatos durante mucho tiempo hasta que, un mal día, un “anticuario”,  por “cuatro perras”, “adquirió” engañando a la noble  tía o a la noble abuela. Coleccionismo de programas y de entradas de los cines -de sesión numerada, o no numerada-, adquiridas en las taquillas del San Miguel, o del Florida, - nuestros primeros cines- (hubo otros, como el “Cervantes” en la Encarnación, pero estos fueron los míos, los de mis padres y hermanos, familiares y amigos, los que recuerdo que compartimos en aquellos años de los que inconscientemente escribo)-, entradas de colores y taladradas para distinguir entre sesiones, que aparecen y desaparecen entre las páginas de los libros  que leíamos en  aquella etapa de nuestras vidas; perdidas en ellos , en fin,  sin el  trozo de ENTRADA que recortaba  aquel portero con bigote amigo del abuelo Pedro, aquel hombre con el que a veces, intercambiaba opiniones -sentados en sendas sillas- en el patio de nuestra casa de vecinos de la calle Cruces y Vicario. Salas de cine de invierno con cómodas butacas, de la época, y olor a ambientador; o terrazas de verano -con butacas “de diseño”- de  flejes de hierro y sillas de madera de pino con asientos de enea o anea, en los laterales de la zona “cara”, a la que pretendíamos colarnos desde “el gallinero”- zona más barata-, saltando la valla de separación entre ambas. Cine con cortes después del NODO , de los “trailers” y en la película, programados para la compraventa en el bar de caramelos “Saci”, bolitas de anís, chupa chups; chicles Cheiw y Bazoka “siempre en la boca”,  con cromos o pegatinas de regalo, de los escudos  de los equipos de fútbol de “Primera”; cucuruchos de papel de estraza, o de periódico, con pipas saladas;  palomitas, gaseosas pequeñas de los Gabinos o de los Villares, botellas o botellines de cerveza de  marcas varias,   refrescos de naranja o limón: Kas , Fanta, Lux...; copas de coñac o anís, o de sol y sombra; o cantimploras y botellas  con agua de las fuentes del pueblo, que por aquel entonces no había agua corriente en todas las casas; … vaciar la vejiga...., charlar con los amigos, ... fumar un cigarro (rubio Bisonte o negro Ducados), completaban el tiempo de espera... Cortes en las cintas provocados por la censura. Y cortes en las emisiones provocados por las restricciones de luz y averías en las máquinas; problemas de rebobinado y otros derivados de la naturaleza y  calidad del celuloide , que a veces, hasta ardía....Películas inolvidables de Cine Fórum- éstas en el Instituto de Bachillerato- compartidas con mi hermano Manolo: “Ciudadano Kane”, “La taberna del irlandés”, “El hombre que mató a Liberty Valance”;...La vida y la muerte, el amor y el odio, la bondad y la maldad, las sonrisas y las lágrimas, las emociones, la nostalgia,...se manifestaban en ellas y en los dibujos hechos con “gouache” en  los grandes carteles (en francés “affiches”) que nos llegaban a las manos reducidos de tamaño en aquellos “programas”  quemados ya por el el fuego en las chimeneas de antaño y por el tiempo implacable y arrasante que fue pasando como caballo de Atila. Títulos de crédito y  FIN. FINE . THE END.  Como en la película “Cinema Paradiso”, los albaranes de las películas cuelgan de un gancho de hierro medio oxidado. El dueño (o los dueños empresarios) guarda, (o guardan), en una cartera la recaudación del día. Acomodadoras, taquillero y portero cierran el cine. Cinco de agosto de 1962: Y mientras Marilyn se despedía de nosotros, la niña del vestido verde esmeralda -a la que no conocía- jugaba  con sus amigas delante de la puerta del cine San Miguel, en  la “calle de las Tiendas”, junto a la “fábrica de la luz eléctrica”, enfrente del antiguo ambulatorio. Y un hombre regresa al pueblo cuando otro, un amigo de aquel entonces, ha muerto. Se repite la historia con argumento nuevo. Rayas y estrellas en el celuloide. Rayas y estrellas en la oscuridad del cielo y en la pared blanca de un cine de muros de adobe, en la que “el protagonista nunca muere”.

 

Textos Reencontrados en un Cartapacio(2)

 

 

5. LA CASA DE LOS ESTUDIOS

 

Al entrar en el patio de la casa

nuestras almas percibieron los latidos

de dos corazones acompasados.

 

Sus ritmos nos envolvieron

con un aura de plenitud

sintonizada

con la eterna admiración naciente

que generaba la belleza que contemplábamos.

 

Emocionados

subimos a los altos corredores

dejando atrás la tierra añeja

que, bendecida por el tiempo,

giraba con nuestras vidas.

 

Y entramos

en las habitaciones de adobe

en las que otros se amaron,

 y que ahora nos observan

desde la maternidad

de la aurora que nos crea.                          

      

6. EL CINE

 

De este texto hemos hablado anteriormente en el artículo que viene en el articulo anterior 

 

7. LA CUEVA DE LA MORA

 

 Un trozo de papel de estraza donde hay escritas un par de recetas de cocina, de puño y letra de mi madre, me ha traído el recuerdo de la Cueva de la Mora.,.... “en un lugar de la Mancha” (frase del Quijote que aparece escrita en una esquina también con lápiz y letra de mi padre). Una receta lleva por título: “gallina moruna”, y la otra es la de un “postre”. Mera asociación de ideas que establezco un tanto caprichosamente, o quizá determinada por algunas informaciones y lecturas de los últimos días.

La conocida  “Cueva de la mora”, o más correctamente el “Trono”es un lugar de leyenda y supuestos encantamientos. El “Trono” excavado en la roca se cree que fue la capilla de un eremita mozárabe. La cueva  y el manantial, según escribe C.J. Rubio, se encuentran actualmente cegados.

 

En la zona de la Mora, según me cuenta mi madre, hubo tres lavaderos: el de la Mora, el de Sacramento, y un tercero que no termina de precisar. Ella , su vecina Milagros y otras amigas iban al lavadero de “Sacramento”, un amigo de mi abuelo Pedro que tenía unas veinte pilas en el lugar. Se iban por la mañana y volvían con la ropa  recogida en un  hatillo, una vez secada en la hierba - que no en un tendedero de cuerda. Para poder lavar  tenían que sacar el agua de una noria próxima, empujando ellas, como si animales fueran, el “arte” o palo horizontal del que mulas o asnos, con los ojos tapados, solían habitualmente tirar. Un cubo de aluminio donde transportaban el jabón , la sosa cáustica y  la lejía, complementaban con la talega para la comida del día, lo necesario para un día de colada en el campo.

Según recuerda también, cuando el agua corriente llegó a las casas- aunque solo fuese un grifo para toda la vecindad, y con ella las lavadoras “tontas”, con las pilas del lavadero se hicieron algunos de los bancos que hoy se encuentran en el Paseo y en el camino del cementerio de nuestro pueblo, para descanso, a veces , más que de nuestras posaderas , de nuestros pies cansados de andar por caminos y senderos de una juventud que ya se nos fue  a muchos en los que ahora pienso.

FIN

 

jtorrijosf@gmail.com

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