Balcón de Infantes

 

La Cocinilla


Sangria

Estamos en plena campaña de vendimia y, aunque no huele a mosto ni se ve el trasiego de tractores y vendimiadores por las calles, la cooperativa está abierta y se debe estar cogiendo uva (la poca o mucha que haya dejado la tormenta del 26 de agosto).

Y si estamos en vendimia, que mejor que hablar de vino.

En la antigua Roma era usual beber vino en lugar de agua, debido a que el alcohol mataba los más que probables gérmenes que, en esa época, contaminaban el agua, tanto por adultos como por los niños, que se especiaban para dar un sabor más  agradable al paladar.

Esta costumbre, como tantas otras del imperio romano, se fue expandiendo por el resto de sus regiones, incluyendo la Península Ibérica, donde se le empezó a llamar sangría por la coloración roja que proporcionaba el vino tinto.

En la Edad Media el consumo de vino especiado estaba extendido por toda Europa, pero es en Andalucía donde le incorporan por primera vez trozos de frutas y, como casi siempre producto de la casualidad, pues se cuenta que decidieron mejorar un vino “peleón” a base de añadirle fruta, lo dejaron macerar unos días y, ¡sorpresa¡, ya tenían una bebida muy mejorada y que, con el tiempo y la impronta de cada comarca, daría paso a sangrías, limonadas, zurras, cuervas, ponches…

El Diccionario de la RAE, define así la sangría: “Bebida refrescante que se compone de agua y vino, con azúcar, limón y otros aditamentos.”, señalando que en Ciudad Real, Toledo y Cuenca la sangría recibe el nombre de zurra.

La legislación comunitaria entiende que sangría y zurra son dos bebidas distintas, esta última incorpora otras bebidas de alta graduación y la sangría no (la sangría debe hacerse en España o Portugal y tener menos del 12 por ciento de alcohol por volumen).

La cuerva es una bebida hecha con vino, limón, azúcar y frutas del tiempo, muy popular en bautizos, bodas, reuniones y fiestas tradicionales.

La tradición incluía en el rito ceremonial de consumir la cuerva una serie de brindis que iniciaba el alfarero que hizo la cuervera (especie de vasija acompañada de un cazo y tacicas).

La rurra o zurracapote es una bebida que mezcla el vino tinto o clarete con limón, melocotón y otras frutas, además de  de azúcar y canela, dejándose macerar durante varios días.

La limonada, limonada de vino o limonada de Semana Santa es una bebida tradicional realizada a partir de vino, limones, azúcar y canela, a veces, fruta, pasas o higos. El tiempo de reposo, que en un sitio fresco es de 3 días removiendo cada 24 horas, varía según la receta, llegando hasta los 8 días.

El origen sin duda hay que establecerlo en la Edad Media, cuando durante la celebración de la Pascua, la única bebida permitida era el vino tinto rebajado con limonada.

La serrana es una mezcla de vino tinto, azúcar y melocotón, que se sirve muy fría.

Y nuestro ponche, el de Las Cruces, ese para el que se convoca un premio cada 2 de mayo, eso ¿qué es? Pues la cosa está clara, unos hacen sangría, con vino blanco o tinto, otros, zurra o cuerva, otros, serrana y otros limonada, en fin, que cada uno se presenta con el que mejor sabe hacer.

Hay recetas con el mismo nombre que no guardan ningún paralelismo ni en su elaboración ni sus ingredientes, y otras con distinto nombre que son la misma receta. Por tanto, creo que podemos concluir que estamos hablando de un vino, blanco o tinto, especiado (o no) y macerado (o no) con frutas (al gusto) que cada uno lo bautiza en función del nombre que mejor le suena (o el que ha oído siempre) y le ha incorporado los ingredientes que más a mano tenía (o le quedaba más “resultón”). Ah y, por si no se habían dado cuenta, lo único que todas llevan es azúcar.

Yo les propongo esta sangría que probé esta feria y me encantó. Tomen nota.

Ingredientes:

1 litro de vino tinto

1/3 de refresco de naranja

1/3 de refresco de Limón

1/2 vaso de vermut rojo

1/4 vaso de brandy

Fruta (1 naranja, 1 limón, 1 melocotón, 1 manzana, 1 pera…)

3 cucharadas de azúcar

4 clavos de especia

1 canela en rama

Hielo

Elaboración:

Lavamos y cortamos las frutas en trozos de 1/8, sin pelar, cubrimos con el vino tinto y dejamos fermentar, a temperatura ambiente, al menos 10 horas.

Pasado este tiempo, agregamos el resto de los ingredientes y dejamos macerar otras dos horas a temperatura ambiente.

Quitamos las frutas y la ponemos a enfriar en el frigorífico. En el momento de consumirla le añadiremos el hielo.

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